18/10/2009

Café del Plata. Glamour de playback y formica

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       Hola. Han pasado diez días y mucha fiesta desde que los del bloque estuvimos en El Plata por primera vez y en nuestras caras se pueden ver las huellas del cansancio, de la nocturnidad y del vermú de grifo. Y no entremos en más detalles, que es mejor. Sinceramente, si hemos vuelto a este cabaret del Tubo ha sido porque Doña Coro se ha puesto muy insistente; ya se sabe lo que pasa con estas vecinas hiperjubiladas, que hasta que no se salen con la suya, no paran. Bueno, pues cuando llegamos, los artistas ya están calentando el ambiente con unas lecciones de salsa para espectadores voluntarios: "A la izquierda, a la derecha, eso es, ¡azúcar! Mi cuerpo pide salsa, mi cuerpo pide salsa..." La Visi no tarda en salir y, por supuesto, se pilla sitio en el centro de la juerga. No baila mal, quizá exagerando un poco con las caderas. Doña Coro pregunta que quién dirige "esta revista". Yo le contesto, que para eso soy cinéfilo. Le digo que el responsable de la movida es Bigas Luna, director de Huevos de Oro y de La teta y la luna. Doña Coro me mira como con asco: "¿Pero por qué te has vuelto tan ordinario? Tanta carrera y vaya educación que nos gastamos..." No hago caso a sus impertinencias y cuando empieza lo que es el espectáculo, caigo en la cuenta de que se ha prescindido totalmente de la música en directo. Ah, mira, eso sí que es un fallo.
        El Plata clásico tuvo una orquestina de "músicos residentes" en todos los pases del show. Corría el rumor de que eran militares que hacían doblete; por la mañana, cuartel y por la tarde, cabaret. El líder de la banda era don Luis, al que se le pedía que cantara esta jota-foxtrot, casi un himno del Tubo: "Vamos ya camino de Zaragoza, / vamos caminando con ilusión. / Siento que la sangre se me alboroza / con el ritmo alegre de esta canción..." Así que ahora todo es playback; menos mal que se han conservado las mesas de Formica, aquel laminado plástico que hacía furor en los 60.
        El Plata se ha reinventado haciendo una inteligente parodia de si mismo pero se ha traicionado renunciando a la música en directo. "¡Ya, ya, ya. Queremos orquestina ya!" "¡Ya, ya, ya. Queremos orquestina ya!", nos ponemos a gritar todos los del bloque, de acuerdo por una vez. Y así se acaban nuestras fiestas, montando pitote, mucho pitote. Y nos echan, naturalmente.
       
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Este artículo pertenece a la sección "Fiestas del Pilar"