01/11/2009

Demasiada inteligencia

Hola. Hace muy poco, se ha celebrado en Barcelona un concurso de postres al que ha asistido, como experto, el cocinero francés Michel Bras, creador de un afamado bizcocho de chocolate, hmm. Bueno, el caso es que el señor Bras, según la agencia de noticias, ha defendido "el postre inteligente y goloso". Esta declaración me hace meditar un rato porque nadie hasta ahora había hablado de las capacidades intelectuales de los postres. Sumido en mis pensamientos, me tropiezo con la Visi, mi vecina, y le pregunto: "Oye, Visi, ¿cuál es tu postre preferido?" "¡Uy! ¿Y a qué viene esa pregunta tan de sopetón? Pues verás, a mi me salen muy bien las natillas; luego les pongo bastante canela y una galleta maría encima y me queda una presentación estupenda. No creas que hacer natillas es fácil, que a veces se cortan". Ya se ha enrollado, faltaría más, y le interrumpo: "Ya, Visi, pero tus natillas... ¿son un postre inteligente o un postre tonto?" Ella calla durante unos segundos y me mira con pena: "Ni idea, chico. Pero hazme el favor de mirarte, que las cosas cogidas a tiempo pueden tener solución". ¡Ah, eso no! No desvarío; simplemente soy fruto de mi tiempo, en el que, como se hace con todo, se está banalizando el concepto de inteligencia hasta extremos grotescos. Este principio de siglo se empeña en despojar las palabras de su significado original. Y es que no sólo son inteligentes los postres; hace unos días se presentó el "badén inteligente", un badén que atraviesa la calzada y que se pone rígido sólo cuando los coches que circulan por encima sobrepasan el límite de velocidad permitido.
        El caso es que, permeable a las tendencias de la sociedad, no puedo evitar ver los objetos de mi casa desde otra perspectiva. Hace más de 20 años, compré un hervidor de agua que demuestra gran inteligencia pues cuando el agua llega a su punto de ebullición, se desconecta solo. Además, nunca se ha averiado, con lo que podríamos decir que es "un electrodoméstico leal". En cambio, la tostadora lleva unos días que sólo tuesta el pan por una cara. Antes, habría dicho simplemente que se había estropeado, pero ahora prefiero decir que ha iniciado "un deterioro neuronal irreversible" debido a la edad o al aburrimiento. Me temo, pues, que la inteligencia es ya sólo una cualidad de las cosas. Se veía venir.
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"