29/11/2009

Feliu Elias. Una ventana

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       Todo cuadro que colgamos en una pared es una ventana. Da igual que el cuadro sea abstracto o represente una escena de caza; que sea un retrato o un frutero con naranjas. A través de ese lienzo, el interior de la casa fluye hacia paisajes inimaginables porque son más mentales que físicos. No digo nada nuevo, claro está, pero conviene insistir en ello pues si todo cuadro es una ventana, todavía lo es más aquel en el que hay pintada una ventana "real". Antes de que Dalí empezara a pintar sus sueños imposibles, realizó una obra maestra retratando a su hermana Ana María de espaldas, apoyada en una ventana de su casa de Cadaqués, mirando el mar. Ana María tenía 17 años y el alma repleta de azules y de deseos sin descifrar; ella nos presta su mirada al horizonte, que nos lleva mucho más allá del Mediterráneo que contempla.
        Otro pintor muy aficionado a las ventanas fue Vermeer, que siempre pintaba una a la izquierda del cuadro. En su obra, la luz atraviesa cristales emplomados y llena la habitación de sensaciones de serenidad y de placidez burguesa muy difíciles de igualar hoy, tanto en la realidad como en los catálogos de Ikea. Nadie como Vermeer para resaltar con ventanas el valor del ámbito privado y resguardarlo de las amenazas exteriores.
        Hola, aquí visitando la exposición "Después de la alambrada. El arte español en el exilio, 1939-1960". Permanezco quieto frente a un cuadro que el catalán Feliú Elías pintó en 1945 en Francia. Se lo voy a describir: una ventana que da al campo, los visillos recogidos a cada lado y delante, como haciendo de alféizar, una mesa con un mantel de flores. En la mesa hay una lámpara, un libro, una pipa, un florero y, a la derecha, una radio. En medio de la catástrofe del exilio y del caos aún vivo de las guerras (la española y la mundial), Elías trata de ordenar su universo maltratado por la historia: en el exterior, tras los cristales, el paisaje representa un mundo ideal de paz mientras que, en el interior, la paz es frágil pues depende de las noticias que llegan cada día por esa radio de madera y baquelita. No se puede explicar mejor el desgarro emocional del exiliado. Y el pintor lo hace de frente, cómo no, a una ventana. Nos vemos.
       
       Imagen: Feliú Elías. La radio, 1945. Óleo sobre lienzo. Colección particular, Zaragoza
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Culturland"