13/12/2009

Mark Boyle. Estética de la crisis

El dinero tiene su ética, que es turbulenta y contradictoria, pero también tiene una estética. Ser rico, como todo, está sujeto a la moda: recordemos al impecable Mario Conde, que fue el modelo de aquellos jóvenes ambiciosos llamados yuppies. En la Navidad de 1994, Conde entró en la cárcel y, en ese preciso momento, a los yuppies se les cayeron al suelo los pequeños cocodrilos que llevaban permanentemente bordados en el corazón. Sí, a partir de entonces se empezó a ver mal la exteriorización del lujo, pero no el lujo en sí mismo, claro est. Así, surgieron los "bubos" (de burgueses y bohemios), jóvenes profesionales que no renunciaban al cochazo pero que preferían guardarlo en el garaje y utilizar la bici o una vespa en sus correrías urbanas. Y si los seguidores de Conde se enviciaban con mariscadas y Moët Chandon, los "bubos" se pasaron a los vinos de desconocidas bodegas y a la "cocina étnica". El arte de ser rico inició una etapa de confusión, que la crisis ha potenciado más. Sólo así se explica la aparición de un nuevo fenómeno, el de los señoritos que juegan a pobres.
        Parece ser el caso de un tal Mark Boyle, un economista que decidió abandonar su vida acomodada para instalarse en una vieja caravana en medio del campo y alimentarse de lo que le producía un huerto improvisado y de los restos que encontraba en los contenedores. Prescindió de todo para demostrar al mundo que se podía vivir sin nada. Bueno, sin nada, nada, no, porque conservó su ordenador y su móvil. Tiene un blog en Internet y publicará un libro titulado "El hombre sin dinero"; además, ya tiene comprometidas varias apariciones en televisión. O sea que va a sacarse una pasta con sus lecciones sobre cómo sobrevivir sin un duro. Hay gente muy irritada con el tema porque piensa que eso ya lo hacen miles de personas en África y otras partes del planeta sin obtener ni un segundo de atención. Boyle escribe en su blog consejos como, por ejemplo, usar trozos de periódico en vez de papel higiénico para llevar una "existencia sostenible". Pero en Europa se sabe mucho de postguerras y eso de volver al periódico atrasado para la higiene íntima supone tal regresión a los malos tiempos que, mira, si por gastar rollo de celulosa se acaba el mundo, pues que se acabe. ¿No pensaría él lo mismo si le quitaran el móvil?
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"