27/12/2009

Recuerdo del frío

Hola. Un joven reportero de televisión habla desde un pueblo de los Ancares de León. Todo está cubierto de nieve y para él esa es la gran noticia. "¡Fijaos cómo está nevando!", grita satisfecho. Pasa una señora a su lado y él le hace la gran pregunta: "¿Pero se atreve a salir a la calle con este tiempo, con lo bien que estaría usted en su casa?" "Qué remedio, hijo. Que voy corriendo a recoger las medicinas; que hoy es el día que viene la furgoneta de la farmacia, y de paso compro pan", le contesta la señora mientras sigue su marcha. En el bar de aquí abajo, casi nadie hace caso a la tele, excepto uno que habla con la camarera: "En Molina de Aragón sí que hace frío. ¿Conoces Molina?"
        De crío, recuerdo cuando los cristales de casa estaban siempre empañados y me ponía a dibujar cosas con el dedo. Supongo que primero fue un 6 y un 4 y que después evolucioné hacia los barcos de vapor y las playas con palmeras. Recuerdo que mi madre me regañaba: "No dibujes en los cristales, que luego queda marca y los tengo que limpiar". Yo paraba pero al día siguiente volvía a desarrollar mi espíritu creativo. Y ella me volvía a regañar. Bueno, eso es la niñez: un continuo tira y afloja con los adultos. Se ha escrito muy poco sobre la enorme paciencia que tienen que tener los niños.
        Recuerdo cuando iba al cole por la mañana y allí donde había hierba, había escarcha. La escarcha me viene ahora a la memoria igual que me vienen el pasamontañas y la bufanda de lana. Me picaban mucho, igual que unos pantalones cortos de franela. Todo era frío y lana que picaba. Pero lo mejor de aquel invierno invernal era que cuando ibas por la calle y espirabas el aire, se hacía como una nube densa. Tenía un colega pintilla que nos quería hacer creer que aquello era el humo de un cigarrillo que se estaba fumando. Recuerdo cuando se me cortaban las manos del frío. "Eso es que no te las has secado bien", decía mi padre.
        En la tele, el intrépido reportero ha sido sustituido por una señorita que informa con gran desparpajo de las bajas temperaturas que hay en Granada. Finge que se resbala y se cae en la nieve; le da un ataque de risa, vaya juerga. No puedo dejar de ver su impostura como una extraña, pero muy explicativa, aportación a la cumbre sobre cambio climático de Copenhague. Nos vemos.
       
       *Pido perdón: en la versión impresa de esta columna ha aparecido la siguiente falta de ortografía "...y expirabas el aire..." Expirar significa morir y espirar, expeler el aire. Lo siento de verdad.
       
       **Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"