10/01/2010

Diálogos nocturnos

Hola. Al fondo del local, un cantautor que responde al nombre de "Dreamingtramp" se acompaña a la guitarra para susurrar composiciones muy lentas, un pelín amuermantes. El hombre, de no más de 30 años, adopta una actitud de artista de culto; tiene motivos para ello porque, hace poco, un crítico local escribió de él que aportaba "lirismo a unas canciones sencillas con ecos dylanianos". Lo curioso es que el pavo es francés pero canta en inglés mientras pone ojitos a una chica española (exactamente, de Remolinos) que tiene enfrente. La suya es, pues, una "actuación global", propia de la atmósfera multilingüe de este bareto nocturno, atestado de estudiantes Erasmus.
        En la barra, lejos del escenario, un profesor de filosofía, que acaba de aprobar las oposiciones, está hablando con un hombre barbudo, muy ancho de espaldas. Una joven que fue alumna suya se le acerca. "Hola, Sonia. Mira, te presento a este amigo, Aristocles, recién llegado de Atenas". La chica responde con una sonrisa amplia pero breve. "Venga, Sonia, ¿qué tomas? Bueno, ¿qué tal las cosas, que deseos te has pedido para este año, je je?" Ella contesta tajante: "Sólo uno: dinero". El griego barbudo pone cara de sorpresa: "Qué extraño me resulta que una mujer tan joven sea ya tan materialista... ¡Creía que a tu edad el único deseo posible era buscar el amor, hallar tu otra mitad!" La chica se irrita un poco: "¡Sí, dinero! Quiero dinero para llegar a fin de mes; dinero para comprarme algo de ropa, para no tener miedo del recibo de la luz, para que mi caja de ahorros no me cobre 24 euros porque lleve más de diez días en números rojos. No, no pido amor; sólo dinero." La chica se calma y vuelve a sonreír. Del fondo llega la voz de Dreamingtramp, que ya va por su quinta canción "con ecos dylanianos". La de Remolinos ya no le escucha y se ha acercado al grupo de la barra porque es amiga de la chica materialista. "¡Hola, Sonia! ¿Cómo te va?" "Chungo, tía. Repartiendo publicidad y de camarera los findes en un café. ¿Y tú?" La otra sonríe abiertamente: "Yo... ¡Muy enamorada!. Ya te contaré." Aristocles la mira complacido. El profe de filosofía pide más cervezas. Y el cantante pone ojitos a una holandesa. Nos vemos.
       
       Notas: El local donde transcurre esta historia es La Lata de Bombillas (calle María Moliner, 7, Zaragoza). El cantautor es casi inventado aunque responde al estereotipo de los que actúan en la "escena indie" de la ciudad. El profesor de filosofía es real así como la chica de Remolinos (un pueblo cercano a Zaragoza famoso por sus minas de sal). Aristocles, un ateniense de familia de gran linaje, es más conocido por su mote, Platón (el ancho de espaldas), y por los diálogos que escribió en torno a la figura de su maestro Sócrates unos cuatro siglos antes de Cristo.

COMENTARIO de Ángel Hernández Mostajo (10/01/2010): "No se puede decir más en una sencilla columna. Has retratado a las muchas pobres Sonias con dos pinceladas. ¡Cómo vas a pensar en el amor cuando el estómago te canta de hambre! Nos vemos."

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"