17/01/2010

Zaragoza distorsionada. El barrio del Gancho (o de San Pablo).

Hola. Empieza a ser preocupante la imagen que los medios están dando de Zaragoza. A lo largo del año pasado, el diario El País publicó una serie de guías turísticas de capitales españolas; pensadas para estancias cortas, eran unos libritos bien planteados. Pero para comprobar la calidad de una guía, nada mejor que leer la de tu propia ciudad, que es la que conoces bien. Bueno, pues resulta que en el capítulo de datos prácticos, los autores recomiendan un hotel, el París, que llevaba varios meses cerrado en el momento de la publicación de la guía. Ahora mismo, de él sólo queda el solar donde se levantaba. Resulta un pelín cómico leer la descripción que se hace del establecimiento: "Un hotel muy céntrico, que ha sufrido reformas (para bien)" (1). Y de la sesión más nocturna del Café del Plata, se dice que apuesta por "la electrónica sucia, el electro de tono sexual y vicioso". Me temo que fue después de una noche bailando así de electrónicos, cuando los autores se pusieron a escribir lo de los hoteles.
        Un caso más serio es el del reciente programa "Callejeros", de la cadena Cuatro de televisión, dedicado al barrio del Gancho. Consistió en un videoclip impresionista con el que se transmitió una sensación de intensa y frenética marginalidad. Con todo mi respeto por los clandestinos, por los que viajan en jeringuilla a algún paraíso o por los que levantan el codo con demasiada frecuencia, considero que el abanico social es infinitamente más amplio en esa zona. El del Gancho, precisamente, ha sido siempre un barrio muy querido en Zaragoza porque conserva la esencia de lo que es esta ciudad. Puede presumir de tener su propia catedral, la iglesia de San Pablo, que es la única mudéjar con dos torres ¡una dentro de la otra!, y de murallas romanas y de muchas más cosas. Pero lo importante no son sus monumentos sino su aportación a lo que es la pequeña Historia del día a día, esa con la que se construye la identidad de una urbe. Siempre ha sido motivo de orgullo ser zaragozano del Gancho, ser vecino del Mercado Central, "vivir en el morrico". Y con razón. Pues eso, está claro que los medios no entienden Zaragoza. Porque ellos no quieren. Y porque nosotros se lo permitimos. Nos vemos.
       
       Mis primeros recuerdos del barrio del Gancho son de cuando iba con mi madre al Mercado Central a comprar, sobre todo, pescado y fruta. Siempre hacíamos una parada en Los alemanes, una charcutería que tenía fama de hacer las mejores salchichas de Zaragoza. Aunque cogíamos el tranvía, todo era un poco agotador pues volvíamos cargados de bolsas hasta casa, en las inmediaciones de la plaza de San Francisco. A veces, mi madre aprovechaba para comprarme zapatos pues en las desaparecidas calles de Cerdán y Escuelas Pías había muchas zapaterías. Recuerdo esas calles como un zoco alegre, muy bullicioso, lleno de cosas y de gente simpática. Al final íbamos a comprar semillas para plantas en un establecimiento bajo los porches del mercado y, si no íbamos muy cargados, entrábamos en el Sepu y subíamos por sus impresionantes escaleras mecánicas.
        Pero mis mejores recuerdos los tengo de un verano de mi adolescencia. En junio de aquel año suspendí nada menos que cuatro asignaturas de cuarto de bachillerato (el curso en que debía pasar mi primera reválida) en el instituto Goya. Aquello fue un todo un drama familiar y mi madre decidió que yo iría a clase de una amiga suya, una mujer muy culta y con mucha experiencia, que se llamaba Ángeles Ibáñez y que vivía en la calle Predicadores. Doña Ángeles nos daba clase a unos cinco o seis alumnos en un cuartito muy acogedor lleno de estanterías con libros. Era una profesora magnífica, muy estricta pero muy cariñosa a la vez. El caso es que en septiembre aprobé todas las asignaturas con notas muy altas y, también, la reválida. A los profesores del Goya, aquello les pareció un milagro pues los resultados solían ser siempre peores en septiembre que en junio. No había ningún milagro sino la sabiduría y la paciencia de esta profesora magnífica. Doña Ángeles, de mayor, se retiró a Jaca a vivir con una sobrina. Sé que también dio clases al que ahora es un reconocido pintor, José Manuel Broto, y que toda su vida mantuvo una estrecha amistad con la historiadora Isabel Falcón Pérez, considerada la mayor especialista en la Zaragoza medieval. Sí, recuerdo aquel verano de estudio intenso como uno de los más agradables de mi vida, todas las mañanas subiendo y bajando las escaleras de madera del edificio de estrecha fachada de la calle Predicadores donde vivía doña Ángeles.
        Pero el barrio del Gancho, tan alejado del mío, ya nunca dejó de figurar en el paisaje urbano de mi vida: ya de estudiante universitario, asistiendo a los espectáculos del Oasis, bien en sesión de café o de noche, donde actuaba la gran y simpática Merche Navarro (creo que todavía currando en su puesto de fruta del Mercado Central) ; más tarde, yendo con frecuencia al pequeño Teatro del Mercado o a bodegas Perdiguer, famosa por su selección de vinos, por su fachada y por su tertulia cinematográfica. Una vez cené en La Matilde, el primer restaurante de Zaragoza en introducir la "nueva cocina" bocussiana en la ciudad, allá por los años 80. Y en más de una ocasión, fui cliente de la Posada de las Almas, que nunca dejé de ver como llena de misterio y de pasado peliculero.
        Confieso que el programa Callejeros, de la Cuatro, (emitido el 8 de enero, 2010) me ha ofendido y me ha irritado mucho, con su reducción del barrio de San Pablo a un gueto de marginalidad. Me ha irritado, digo, porque yo también soy del Gancho.

       
       (1) NOTA (diciembre de 2012): En la actualidad, hay un nuevo hotel París, ubicado en la calle de San Pablo, número 19. El hotel al que se refería la guía de El País y Repsol estaba situado en la calle Pedro María Ric y,efectivamente, en su solar se ha levantado un bloque de viviendas.
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"