25/01/2010

Queridos anuncios

Hola. En Televisión Española se ha suprimido la publicidad y, después de tres semanas, ya la echo en falta. Lo cierto es que, al principio, me puse muy contento e incluso tuve un ataque de vanidad. Aclaro lo de la vanidad ahora mismo: hace un año justamente, en este periódico, escribí una columna titulada "¡No más anuncios!" en la que no sólo le pedía a nuestro presidente de Gobierno que los eliminara sino que también le daba instrucciones precisas para hacerlo, inspiradas en las que había aplicado su colega francés, Sarkozy. Bueno, el caso es que, a pocos meses de publicado mi artículo, Zapatero anunció la ley que suprimía la publicidad en televisión y pensé que me había leído y me había hecho caso. Pero ahora, de ese subidón de arrogancia he pasado a un molesto sentimiento de culpa. En fin, si es verdad que Zapatero me leyó, una cosa más que ha de añadirse a la lista de sus errores.
        Creo que, en aquel artículo, no debió de quedar claro que yo estaba en contra del abuso de la publicidad, no en contra de su uso. A ver si en esta ocasión me explico mejor: está muy mal interrumpir una película cuatro veces, o más, con anuncios pero puede ser conveniente que los haya entre programa y programa; así podríamos elegir entre verlos o hacer un viajecillo a la nevera o una excursión al baño, ya me entienden. La publicidad en sí misma no tiene nada de malo; tan sólo es una industria auxiliar de todas las demás industrias que, además, puede llegar a tener un gran interés cultural y social. Recuerdo con cariño al conejito de Duracell, que transmitía tanta energía, y a Curro, del que no se sabía dónde estaba, si en Cuba o en Nueva York. ¡Qué envidia daba Curro, de vacaciones en el Caribe! Y qué emoción sentía uno cuando los de Villarriba ganaban a los de Villabajo en la limpieza de la "grasa incrustada" de su gigantesca paellera... Me siento muy mal sin anuncios; es más, lo que realmente me molesta es pensar que me estoy perdiendo la buena publicidad, esa que te cuenta pequeñas historias con inteligencia, con humor, con sugerente imaginación y que se instala, con todo derecho, en tu memoria. Ahora sólo queda esperar que Zapatero vuelva a leerme y reconsidere el tema. Nos vemos.
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"