31/01/2010

Django Reinhardt: Jazz francés

Hola. Hace una década, Woody Allen rodó una de sus mejores películas, "Acordes y desacuerdos", en la que contaba la historia de un tal Emmet Ray, un músico que, supuestamente, fue leyenda en la América de los años treinta. Ray era un tipo fanfarrón que no dudaba en proclamarse como el mejor guitarrista del mundo, aunque solía matizar: "Bueno, soy el mejor, sí... pero después de Django Reinhardt". Lo cierto es que Emmet Ray, aunque verosímil gracias al talento de su creador, no deja de ser un personaje inventado; no es ese el caso de Reinhardt, que habría cumplido 100 años el 23 de enero pasado.
        Aunque francés de adopción, Django nació en Bélgica, en el seno de una familia gitana y nómada que vivía del espectáculo de la cabra y el oso. A los 18 años, sufrió un accidente que no sólo marcaría su vida sino que revolucionaría la música de jazz: la carreta en la que iba, llena de las flores de celofán que fabricaba su mujer para la venta, se incendió y, como secuela de las quemaduras, él perdió el uso de dos dedos de la mano izquierda. Esa discapacidad no le impidió seguir tocando la guitarra hasta desarrollar un estilo único, muy rápido, a la vez vibrante y melancólico, al que se acabaría llamando "jazz manouche". Sus composiciones, sus cuarenta discos grabados y su propia biografía le han asegurado un puesto permanente en la Historia del Jazz, sí, pero lo que mantiene su figura tan viva hoy es el atractivo que ha seguido ejerciendo en numerosos artistas. A diferencia de la fluctuante relación, entre el afecto y el olvido, de los españoles con la Copla o el flamenco, Francia siente veneración por sus intérpretes y ha conseguido algo tan difícil como la ausencia de rupturas generacionales con su tradición. En su centenario, Django Reinhardt puede estar bien contento porque son muchos los músicos que han abrazado su estilo, desde consagrados como Biréli Lagrène hasta jóvenes como Stéphane Sanseverino o el hijo de Françoise Hardy, Thomas Dutronc, cuyo último disco se titula, para que no haya dudas, "Como un manouche sin guitarra" . Para Django, eso sí que habría sido una desgracia; mucho más grave, como dejó bien claro, que ser un manouche sin todos los dedos. Nos vemos.
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Escenarios"