28/02/2010

Francisco Ynduráin en su isla

Hola. Me gustaría hablar de Aoiz, un próspero pueblo de la Navarra prepirenaica, a unos 30 kilómetros de Pamplona. Tiene algo más de 2.000 habitantes, es muy monumental y está en medio de un paisaje de cereales, viñedos, huertas y bosques; lo cruza el río Irati y su patrón es San Miguel. Pero lo que más llama la atención es que el municipio está completamente rodeado por otro, el de Lónguida. Así pues, Aoiz es una villa-isla; en fin, todo un carácter en términos geopolíticos. Mucho de la singular personalidad de este lugar se refleja en el único aoisko que he conocido y que en 2010 habría cumplido cien años: Francisco Ynduráin Hernández.
        Don Francisco Ynduráin fue durante tres décadas catedrático de Lengua y Literatura Españolas en la Universidad de Zaragoza, hasta que se trasladó a Madrid en 1971. Rodeado de colegas fervorosamente franquistas, Ynduráin fue un sabio liberal, en el sentido más profundo y más positivo del término, experto tanto en lingüística (investigó a fondo el navarro-aragonés antiguo) como en literatura, con ensayos sobre autores que van desde San Juan de la Cruz o Cervantes hasta Valle-Inclán o Gómez de la Serna. Pero lo que le hacía realmente diferente era su actitud de intelectual curioso y abierto frente a las corrientes que venían de fuera. Tradujo a Aldous Huxley y conocía muy bien la obra de Hemingway, de Faulkner o de Camus. Ese talante no tardó en ser apreciado por sus alumnos con los que, a pesar de su aire aristocrático y algo distante, era siempre atento, colaborador y receptivo. Y, como no podía ser de otra manera, ejerció una gran influencia en la cultura aragonesa. Junto con el crítico literario de HERALDO, Luis Horno Liria, fundó el Premio Nacional de la Crítica, cuyo jurado se reunió en Zaragoza durante muchos años. También creó el Aula de Poesía de la Universidad, con el fin de dar a conocer las últimas tendencias poéticas, y apoyó sin fisuras cualquier proyecto, por molesto que fuera para el régimen entonces, como la colección Fuendetodos, que dirigía el poeta Julio Antonio Gómez. De no haber fallecido en 1994, Ynduráin tendría ahora cien años. Aoisko de nacimiento, él fue como una isla soleada en un mar de aguas de color gris muy oscuro. Nos vemos.
       
       Si te ha interesado este arículo, puede que te interese este otro, escrito a raíz de la muerte de Domingo Ynduráin, hijo de don Francisco y también filólogo:
       Los sabios de la guarda

       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"