28/03/2010

Julia Dorado en Bruselas

imagen
       Hay ciudades muy guapas pero que se lo creen demasiado, provocando una sensación rara, como una mezcla de admiración y de incomodidad, en aquellos que las transitan. Jaime Gil de Biedma lo expresaba así, refiriéndose a Venecia, en una carta a un amigo: "Las ciudades exquisitamente bellas no son para ser habitadas. Uno acaba por sentirse tan irreal como ellas y por vivir en continua anticipación de un desastre inminente"*. Tiene razón el poeta, aunque se ponga un pelín dramático. Pero, por otro lado, hay urbes guapetonas que son humildes y asequibles como, un poner, Huesca, Lugo o Valladolid. Este es también el caso de Bruselas, tan hermosa como sencilla, pero en la que el sol prefiere abandonar el cielo para refugiarse en las jarras de cerveza y, así, pasearse nocturno por cafés modernistas como "La mort subite", donde Jacques Brel se entonaba no sé si antes o después de componer sus canciones. La luz de Bruselas es de neblina ahumada y me pregunto si influirá en la obra de Julia Dorado, una pintora zaragozana que lleva 20 años viviendo allí. Julia me dice que no, que ella pinta con la luz que lleva dentro y que los colores que emplea (amarillos, rojos, grises) dependen del momento que vive. O sea que en su corazón el clima es variable.
        Julia, que ahora expone en la galería A de Arte (calle Fita), pertenece a esa generación que, en los 60, quiso cambiar el mundo y que, en cierta medida, lo consiguió. Así se explica que tanto ella como otras colegas suyas (Maribel Lorén, Ana Aragües, Pilar Moré) hayan conseguido ejercer el oficio de pintar a lo largo de mucho tiempo y a pesar de todas las barreras. "Si hay algo que las mujeres que pintamos tenemos en común, es nuestro esfuerzo para que se nos considere; esa pelea constante para hacer creer que nuestro papel de esposas, madres, etc. no nos impide dedicarnos en profundidad a la pintura". Julia Dorado conserva el aire travieso de una adolescente y eso, aparentemente, contrasta con el rigor con que se plantea su obra. "Mi pintura es una abstracción en la que se puede seguir el rastro de muchas influencias y es el espectador sensible quien ha de descubrirlas", dice, como invitándonos, antes de volverse a Bélgica.
       
       * Gil de Biedma a Alex Susanna (08/11/1985).
       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"