05/04/2010

Corrupción y modernidad

Hola. Veo, en la prensa y por la tele, a María Victoria Pinilla, alcaldesa de La Muela (Zaragoza), cuando entra en el ayuntamiento de su pueblo a eso de las 12 de una mañana de marzo. Imputada por 11 delitos y, no obstante, continuando en el ejercicio activo de su cargo, es consciente de que va a ser filmada, fotografiada y observada hasta la saciedad. Por eso, se ha esmerado en presentar un aspecto cuidado y a la última. De su atuendo, lo que quizá llame más la atención sean unos vaqueros rotos y deshilachados a distintas alturas del muslo. Parece ser que este look andrajoso-chic está haciendo furor, sobre todo entre los más lanzados. ¿Podríamos considerar, pues, a la señora Pinilla un icono de modernidad? Claro que sí, pero no solo por los pantalones "destruidos".
        Ella misma, María Antonia Munar, ex presidenta del Parlamento balear, y Marisol Yagüe, ex alcaldesa de Marbella (nacidas las tres en la primera mitad de la década de los 50), representan a esa primera generación de mujeres que han accedido a cargos políticos de responsabilidad sin ningún complejo. Pero, como era previsible, ese acceso al poder también conllevaba el posible acceso a la corrupción. Y, así, a ese planeta de lujo excesivo, mucho ladrillo y distracciones fiscales, tradicionalmente habitado por hombres, ha llegado, como en tromba, un grupo de valiosas mujeres que igual saben de cocina y de decoración que de blanqueo de capitales o de malversación de caudales públicos. El (o la) que vale, vale para todo; tanto para lo bueno como para lo ilegal, que para algunos (o algunas) es dos veces bueno.
        Se ha insistido tanto en las políticas de igualdad que muy pronto tendremos el mismo número de corruptas que de corruptos. No es machismo, sinceramente, pero me duele que los hombres se estén dejando comer un pastel que era suyo por tradición. Pero la tradición, si no se defiende con un par, acaba engullida por eso que llamamos "el signo de los tiempos". Se oyen tacones de aguja, se divisan vaqueros deshilachados y melenas teñidas... y los tíos se echan a correr, olvidando en el camino fajos de dinero negro pero de curso legal. El mundo ya es de las mujeres. Todos los mundos, quiero decir. Nos vemos.
       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"