25/04/2010

Salud poética

Hola. Se acaba de celebrar el día del libro y hace unas pocas semanas, el de la poesía. Cuando a algo o a alguien se le dedica un día es que hay enfermedad, trato injusto o, simplemente, olvido. Este, desde luego, no es el caso del libro ni de la poesía (tan interrelacionados los dos) porque gozan de muy buena salud, por muchos peligros que acechen a la literatura en soporte de papel. En cuanto a la poesía, compruebo que se editan más títulos que nunca, la mayoría de autores muy jóvenes. ¿Quiere esto decir que ahora hay más poetas que antes? No, lo que significa es que hay muchas subvenciones. De vez en cuando, miro la sección de poesía en la librería de mi barrio y confieso que, al ver impresos los escudos y logos de los organismos públicos en la contraportada de algún ejemplar, siento cierto rechazo. Pienso que si compro ese libro, lo estoy comprando dos veces, pues la primera vez ya lo hice con mis impuestos. Antes, era muy difícil para un poeta publicar y tenía que acabar haciéndolo por su cuenta y riesgo; ahora me parece que todo es ya por cuenta y riesgo del contribuyente. Hay una parte muy importante de la literatura de creación que no está sujeta a las leyes del mercado y, hasta ahora, nadie ha explicado muy bien por qué ocurre así.
        Veo un programa de un canal catalán de televisión, en el que el reportero pregunta a la gente que pasa si se sabe de memoria algún poema. El repertorio es limitado: Espronceda, Gustavo Adolfo Becquer, Machado... y la mayoría de los interrogados, gente madura. No sorprende, ya que el ejercicio de la memoria sigue en el desprestigio en que lo sumieron las reformas educativas recientes y, por otro lado, la poesía contemporánea (que abandona, voluntariamente o por incapacidad técnica, la métrica clásica) está escrita para leerse. Adiós para siempre a clásicos españoles como el salmantino José Mª Gabriel y Galán o el malagueño José Carlos de Luna, autores de una poesía costumbrista muy sonora y argumental, cuyos poemas 'El embargo' y 'El Piyayo' se recitaban en público con frecuencia. La poesía oral ya es cosa muy antigua, sí, pero a la escrita para leer en soledad le queda mucha vida. Al menos, mientras haya subvenciones. Nos vemos.
       
        Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"