09/05/2010

Latidos en escena

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       Hola. Hay crisis, sí, pero no para el teatro, que ve crecer el número de espectadores mes a mes. Para explicar este fenómeno, todos insisten en una ocurrencia que se ha convertido en tópico: "El auge del teatro se debe a que es el único arte que no se puede bajar de Internet". Menos mal, no quiero ni imaginarme lo que pasaría en mi casa si me invadiera la familia mal avenida de Hamlet, príncipe de Dinamarca. Hamlet tiene un carácter difícil e imprevisible y prefiero tratarlo desde el patio de butacas que en la intimidad del salón. Y las consecuencias de descargarse una obra como 'Fuenteovejuna' podrían ser desastrosas; al fin y al cabo es todo un pueblo el protagonista y en este piso no caben tantos. Pero incluso una obra de un solo personaje sería pura incomodidad; estoy pensando en 'Cinco horas con Mario'. Por un lado, tener en casa a la gran Lola Herrera actuando para uno y, además, gratis es muy tentador pero si pensamos en que, para decir su monólogo, necesita un ataúd delante, entonces prefiero ir al teatro. Sí, nada de Internet; lo mejor acaba siendo pasar por taquilla y pillar un buen asiento cerca del escenario.
        No obstante y chistes aparte, la buena etapa por la que atraviesa la escena española no deja de sorprender puesto que la sociedad se está acostumbrando al consumo gratuito de la cultura (y empezando a exigirlo como un derecho) gracias a la complicidad de la red y el ADSL. Entonces, ¿por qué asiste la gente a las funciones teatrales y paga por la entrada, cuando ésta suele ser más cara que una de cine o un CD de música? Las razones pueden ser, entre otras, que cada vez se hace mejor teatro, porque las compañías son más profesionales, o que las series de televisión rinden mucho publicitariamente cuando sus actores pasan a las tablas; tele y teatro ya no son enemigos sino aliados. Pero, para mi, la razón fundamental está en que el personal se está cansando de la cultura a través de las pantallas aunque las use sin parar, o precisamente por eso. En el teatro no sólo se oye a los actores decir su texto; se oyen, sobre todo, su respiración y sus latidos. Corazones que laten para nosotros en cada función. Y eso, no hay tecnología que lo pueda sustituir. Nos vemos.
       
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Este artículo pertenece a la sección "Escenarios"