17/05/2010

Jóvenes cineastas

Hola. Estoy en un acto sobre el auge del cine en Aragón. Se proyectan videoclips, documentales y cortometrajes rodados por jóvenes de aquí. Las pelis están bien, de verdad; se aprecian pericia técnica, sensibilidad artística y buenas maneras para contar historias en poco tiempo. Y después de la proyección, los cineastas hablan, entre otras cosas, de las subvenciones que reciben: del gobierno de Aragón, de las diputaciones, de algún ayuntamiento incluso. Dicen que estas subvenciones (de 3.000 a 10.000 euros, por lo general) son insuficientes, que ellos tienen que poner dinero de su bolsillo. De repente, sin motivo alguno, me distraigo y pienso que estaría chulo rodar un documental sobre la historia del teatro Fleta; desde su esplendor inicial hasta esa metáfora urbanística del ser y la nada en que han terminado convirtiéndolo. Se podría empezar hablando de su arquitecto, José de Yarza, y seguir con testimonios de espectadores, empleados de la empresa y artistas. Además, se podrían incluir trozos de las películas que allí fueron grandes éxitos, antes, naturalmente, de entrevistar a los políticos que han tenido que ver con la carísima deconstrucción de ese edificio en los últimos once años. Pero ¿quién es el guapo que va con este 'molesto' proyecto a un organismo oficial para pedir ayudas?
        No estoy diciendo nada nuevo, que ya se sabe que cuando el poder subvenciona el arte, lo que hace es comprar al artista. Cuando da dinero, este régimen (como todos los regímenes) establece unas normas no escritas en el acuerdo como, un suponer, una lista de temas que molan: 1.- Multiculturalidad (o la inmigración en positivo); 2.- Cuestiones de género (desde una óptica feminista); 3.- Memoria histórica (desde un bando) y 4.- Desarrollo sostenible. Si ninguno de estos temas interesa al cineasta, este puede entonces optar por el intimismo, los conflictos familiares, el western o la ciencia-ficción.
        Lo malo de las subvenciones es que meten dosis muy altas de conformismo en vena. Y no pasa nada si las venas son de un cincuentón porque, al fin y al cabo, envejecer no es otra cosa que adaptarse al medio, hacerse acomodaticio y meter cualquier atisbo de rebeldía en un fondo de pensiones. Por eso, asusta pensar que, con tanta subvención, la juventud de un cineasta sólo acabe notándose en que lleva zapatillas Converse. Nos vemos.
       
       Si te ha interesado este artículo, puede que te interese este otro; para leerlo, picha aquí: Maldito. El cineasta José Antonio Maenza
       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Culturland"