14/06/2010

Enseñar, desesperar

España lleva décadas sin tener suerte con los ministros de Educación: desde aquel José Mª Maravall, gran impulsor de la LOGSE en los 80 pero derrotado por Jon Manteca, un muchacho que se hizo famoso por su destreza en romper farolas con una muleta, hasta el actual, un catedrático de Filosofía que parece pensar que la diferencia entre los discípulos de Sócrates y los de ahora es que estos necesitan un ordenador para comunicarse con el profesor. No es tan extraño que la educación sufra maltrato crónico porque se trata de una industria que fabrica exclusivamente futuro. Y el futuro es intangible, por mucho que se sepa que acabará convirtiéndose en presente. Por eso, la enseñanza es la profesión más hermosa y más poética que existe y, también, la más incomprendida y la más ingrata. Un profe tarda mucho en ver los frutos de su trabajo, si es que los llega a ver alguna vez, pero espera, por lógica, que los gobiernos entiendan y enaltezcan su oficio, que es básico para que el país avance fuerte, sabio, respetable e independiente. Reconozco que esta especie de discurso inicial me ha dejado un pelín exhausto pero tan encendidas (y sinceras) palabras se deben a la reciente difusión de un manifiesto suscrito por los mismos profesores.
        Creen estos docentes que en esta época de penuria va a revalorizarse el sentido común. Inocentones ellos, esperan que la pobreza acarree cordura y proponen vías de ahorro, por si el problema es la falta de ideas. Es más que probable que sus sensatas peticiones se ignoren pero, por la franqueza con que las han expresado, la reflexión se hace inevitable. Piden la supresión de los liberados sindicales... Y es que se ha ido asentando la sospecha de que a estos, más que vocación de servicio a sus colegas, lo que les mueve es el deseo de alejarse de las pizarras o de los destinos indeseados. Piden, también, que dejen de enviar ordenadores para los niños de primaria (porque se infrautilizan y estorban), lo que supondrá un gran disgusto para la empresa proveedora pero un gran ahorro para el estado. Y solicitan que se supriman todas las ayudas y becas a los alumnos "de nulo trabajo e inaceptable rendimiento", ya que es conveniente que los chavales aprendan que solo el esfuerzo merece recompensa. Piden más cosas, pero yo creo que, en el fondo, sólo quieren que se les escuche. Políticos, escuchen a los profes.
       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Escrito con tiza"