20/06/2010

Ruido de ciudad (2)

Hola. En una céntrica chocolatería, dos amigas jubiladas meriendan en una mesa pegada al ventanal que da a la plaza. Una de ellas, la del pelo rojizo, todavía con un trozo de churro en la boca, entra decidida en el debate político: "Pues para presidenta de la DGA, yo prefiero a esa..., huy, que no me viene el nombre; sí, a esa que lleva siempre unos pañuelos muy bonitos, que tiene mucho empaque..." La otra le interrumpe: "Sí, ya sé a quién te refieres. Pero dicen que tiene mucho genio". La del pelo rojizo suspira y defiende a su candidata: "Ya, pero es que para mandar, hay que tener genio; que si no lo tienes, se te comen. Mírame a mí, la más buena de la familia pero siempre el último mono". La otra decide zanjar el tema: "Bueno, yo no me pronuncio, que no me gusta la política; además, el voto es secreto". Dicho esto, agarra el churro de la vergüenza y le arrea un mordisco tremendo ante los ojos atónitos de la otra, que se lo afea: "Hija, ¡qué apetito tienes!"
        En una mesa del fondo, un pavo con el pelo engominado lee atentamente los anuncios por palabras del periódico, exactamente los de la sección de ofertas de trabajo, sin quitar el ojo de su móvil, que ha puesto al lado de un vaso con un cortado. El hombre lleva semanas entregando su curriculum en toda clase de empresas: bares, servicios de mensajería, tiendas de ropa o supermercados. En todos los sitios le cogen la hoja con los datos y le dicen lo mismo: "Ya te llamaremos". Pero nadie llama. El pavo ahora mira la televisión del local. Una vez tras otra, pasan el vídeo de una periodista morena y guapa entrevistando al portero de la selección española de fútbol. Parece ser que la periodista y el portero son novios (o que hay un algo entre los dos, para qué más detalles) y que la presencia de ella en el campeonato mundial puede distraerle a él. Puede ocurrir que se ponga a mirarla de reojo, porque la chica es muy guapa, ya lo hemos dicho, y entonces uno del equipo contrario aproveche el momento para meterle un gol. Una tertuliana del programa dice que no hay que caer en eso tan machista que dicen los franceses cuando los hombres tienen una desgracia: "¡Cherchez la femme!". Con el ruido que hay en la chocolatería y lo absorto que está en lo que se ve por la tele, el pavo del pelo engominado no se entera de que el teléfono está sonando. Bueno, en realidad ya ha dejado de sonar. Nos vemos.
       
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Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"