12/07/2010

Un tranvía de cuento

Hola. Me infiltro en un acto en el que el arquitecto Iñaki Alday expone el proyecto del tranvía de Zaragoza ante gente de su gremio. Lo bueno, o lo malo, de ser un infiltrado es que, carente de conocimientos técnicos, uno va cargado de inocencia y dispuesto a creérselo todo. Don Iñaki hace una exposición muy ordenada del asunto con planos, dibujos e infografías; y todo es maravilloso. Me recuerda aquellos cuentos con los que se inicia a los niños en el conocimiento de los medios de transporte: coches de colores vivos que circulan entre paisajes verdes salpicados de amapolas, o trenes alegres por cuyas ventanillas asoman las cabezas de Phileas Fogg y su ayudante.
        El proyecto Alday es un proyecto humanista, que intenta devolver la dignidad al ciudadano bípedo. Me voy a explicar: llevamos unos años en que la bicicleta se ha convertido en el icono del ecologismo guay, colocando al peatón en un lugar secundario y tristón. Sí, parece mentira pero ahora aporta más al desarrollo sostenible una persona montada en una bici que una persona andando. Así somos de papanatas. Por eso, produce cierta satisfacción que Alday se muestre tan contento por ese largo paseo sin interrupciones, al que llama 'andador', que irá paralelo al tranvía. A mi no me gusta la palabra 'andador', que me recuerda a taca-taca de niño; prefiero la de 'bulevar', que es más cosmopolita, pero da igual. El caso es que tendremos andador, carril bici y tranvía.
        Y los coches tendrán un solo carril de circulación y, si han de parar, podrán subirse a la acera (1) pero habrá un bordillo que les recordará que no están en su terreno, vamos, que les creará mala conciencia. Bueno, esto lo veo discutible porque un conductor solo se siente culpable de haber aparcado mal cuando tiene un policía detrás con una libreta en la mano. Pero, a pesar de los reparos, creo que todo va a quedar muy bien. Eso sí, por favor, exijamos coherencia urbana: que los hosteleros no pongan más mesas de las permitidas en las terrazas (y que el ayuntamiento no permita demasiadas mesas); que no se aparquen motos y que no surjan pizarras plegables en las aceras; que no se aten bicis en los postes de los semáforos; y que se dé una buena colleja (real o administrativa) a los que pintan graffiti. Quiero decir que los cuentos de ciudades, o las ciudades de cuento, no son solo obra de los arquitectos. Nos vemos.
       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com
       
       (1) RECTIFICACIÓN: Con fecha 1 de agosto de 2010, Heraldo de Aragón publica un reportaje resaltando que los coches podrán invadir el carril del tranvía si tiene que parar una ambulancia. En mi artículo, digo que los cochees podrán invadir la acera y no es así. Una ambulancia podrá parar en el único carril de circulación existente y los coches que vengan detrás podrán circular momentáneamente por encima de las vías del tranvía. Estas están separadas por bordillos de solo 6 centímetros, elemento que recordará a los vehículos invasores que no están en su terreno.

COMENTARIO de Anónimo (17/07/2010):
       He leído con atención su artículo con el que estaría totalmente de acuerdo si lo estuviera con el concepto con el que lo enfoca el arquitecto Alday. Le asigna el nombre de "andador" y lo que pienso es un cambio radical respecto al uso que ha tenido esa zona central hasta ahora y que, por otra arte, debería seguir teniendo. La Gran Vía y su continuación estaba compuesta de dos andadores laterales, las aceras, y una zona intermedia, ajardinada, efectivamente sin continuidad peatonal, que en realidad era una serie de espacios tranquilos, cuartos de estar urbanos, unos auténticos oasis en medio de la vorágine circulatoria.¿ Podremos llamarlas estancias? Creo que si. Lo importante de los nombres en este caso es que llevan en si un cambio de concepto: se está pasando del estático al dinámico futuro. Antes la función dinámica andadora la facilitaban las aceras, ahora será todo el paseo.
        ¿Va a ser un obstáculo el "andador" de Alday para que el espacio central siga siendo estancia ? Yo diría que no pero el problema está en que tal palabra abre la puerta a otro elemento más dinámico que es la bicicleta: un carril bici doble va a ocupar una parte importante de los paseos. Aquí es donde me duele y por lo que estoy peleando, probablemente por una batalla perdida. Mis acciones son políticamente incorrectas pues llevar la contraria a lo que las altas esferas neoecologistas deciden en materia de dos ruedas está condenado al fracaso. El ciudadano medio está adoctrinado y defiende el carril bici por el centro del paseo, las asociaciones de vecinos también y de nada han servido mis argumentos de que el carril se haya metido de "extranjis" a última hora informando sólo a los correligionarios, que el Ayuntamiento se haya saltado a la torera las normas urbanísticas en vigor, que con quién debe competir la bici y quitarle espacio es con el coche pues para eso es un medio de locomoción, que en el Centro no hay apenas zonas verdes o que van a ser un riesgo para los niños pequeños que ahora corretean libremente por la zona. Nada de nada. Imperturbables.
        La historia es más larga y detallada. Con mi ojo de arquitecto me la he mirado despacio y puedo contar más. Habrá podido apreciar que en el fondo este escrito es un desahogo. Como suele decir en su despedida, nos vemos.

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"