13/09/2010

La memoria se va de copas

Creo que fue Woody Allen quien soltó esto: "No solo de pan vive el hombre, de vez en cuando también necesita un trago". Es un epigrama lleno, más que de ingenio, de indulgencia. El bebedor siempre han suscitado sentimientos de lo más variado en nuestra sociedad, desde el puro rechazo a la simpatía. Se puede beber para disfrutar o para olvidar (lo que podría ser la misma cosa) o, también, para eludir las responsabilidades que la realidad exija, pues el alcohol no es otra cosa que una realidad alternativa: un planeta con leyes redactadas en la somnolencia y escritas con letra ilegible. Cuando se bebe, la memoria también bebe y, después de una cogorza, no es tan fácil encontrar los recuerdos.
        Estas digresiones vienen a cuento de una noticia que los medios han considerado curiosa: hace pocas semanas, en un juzgado de Nueva York se ha presentado una demanda contra un tal Carl Haggerty, al que acusan de haber extraviado un lienzo de Jean-Baptiste-Camille Corot, valorado en un millón de euros. Parece ser que el pavo hacía de intermediario entre el propietario y un posible comprador inglés y en sus idas y venidas con el cuadro a cuestas después de cenar, lo perdió. Por toda explicación, Haggerty ha declarado que había bebido mucho esa noche y que no se acordaba de nada. Brindemos por el intermediario beodo porque, entre otras cosas, ha hecho que se reviva a Corot, un pintor de la llamada escuela de Barbizon, un pueblo entre bosques no lejos de Paris. A mediados del siglo XIX, unos cuantos artistas (considerados como precedentes del Impresionismo) se refugiaron allí para volcarse en la pintura de la naturaleza. Para mí, oír Barbizon es acordarme de un profesor de arte muy temido en la Universidad de Zaragoza, Francisco Abad, porque él era un forofo de un colega de Corot, Jean François Millet, y de sus cuadros 'El ángelus' y 'Las espigadoras'. Uff, qué nervios en aquellos exámenes, todavía tiemblo. Pero volvamos al borrachín que perdió la valiosa obra. En los foros de Internet se dice que su excusa, tan aparentemente ingenua, solo es una impostura para introducir el cuadro en el mercado negro del arte, pero yo prefiero creer que pilló una curda y que no recuerda nada, porque su desmemoria, empapada en vino o en bourbon, qué más da, me ha devuelto a unos grandes pintores olvidados y al profe que me enseñó Historia del Arte para siempre.
       
        Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Las noticias me matan"