03/10/2010

Todo está en la vida

Cuando un escritor se suicida, aumenta sin querer su leyenda y su cotización literaria. Por ejemplo, Ernest Hemingway rubricó con el suicidio una vida adicta al exceso y a la acción. Un final por enfermedad o vejez le resultaba inadmisible: "Si no puedo existir como yo quiero, la existencia es imposible", declaró a su biógrafo Aaron E. Horchner, y un día de julio de 1961 se disparó en la frente con una escopeta de dos cañones. A partir de esa fecha, se convirtió en un personaje emblemático de la literatura americana, aunque muchos han olvidado que fue premio Nobel. Mariano José de Larra (1809-1837) sigue siendo considerado el gran clásico del periodismo de opinión, pero su suicidio exquisito con una pequeña pistola de plata después de ser rechazado por Dolores de Armijo, por la que sentía una obsesiva atracción, lo convirtió en el mito por excelencia del Romanticismo español. Y es difícil saber si la poeta estadounidense Silvia Plath sería igual de admirada si no hubiera acabado con su vida a la edad de 30 años, tras una convulsa existencia, marcada por su personalidad bipolar y por su matrimonio con el poeta inglés Ted Hughes. Pero cuando salimos de la ilustre comunidad de los artistas, es decir, cuando bajamos al mundo de la gente anónima, dar fin a la propia vida ya no aporta leyenda sino tan solo dolor y una carga insoportable de culpa en el entorno del suicida.
        Este tema delicado, tradicionalmente tabú, ha saltado varias veces a los medios de comunicación en las últimas semanas. Los dos casos más llamativos han sido el de la empresa Foxconn, que fabrica el iPad de Apple en China, y el de France Telecom. En la primera, se han suicidado nueve empleados en lo que va de año y en la segunda, se han matado más de cincuenta desde 2008. A la vuelta de vacaciones, el nuevo presidente de la compañía francesa de telecomunicaciones, Stephane Richard, ha declarado: "No erradicaremos desgraciadamente los suicidios, que son parte de la vida". La tendencia natural de los franceses a filosofar ha producido esta perogrullada lúgubre, que intenta eximir de responsabilidades al capitalismo de los nuevos tiempos. ¿Son también parte de la vida prácticas empresariales como los despidos, los traslados forzosos o la fijación de objetivos casi imposibles? Al final, va a ser esto lo que nos quieren hacer creer. ¡Pues vaya vida!
       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"