11/10/2010

El alma que nos mira. La generación de Daniel Galván

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       El retrato, uno de los géneros más antiguos en las artes plásticas, llevaba años olvidado aunque, paradójicamente, la era digital ha impulsado el retratismo compulsivo con cámaras o móviles; instantáneas de valor afectivo que almacenamos en ordenadores o redes sociales. Pero hablamos de Arte y últimamente los pintores y fotógrafos jóvenes han tendido más al paisaje urbano, a la arquitectura y a los objetos cotidianos (en caso de que no hayan optado por la abstracción) para representar una sociedad deshumanizada que sustituye el concepto 'persona' por el de 'consumidor'. El arte, como todo lo que está sujeto a las leyes del mercado, es muy sensible a las modas y si pintar espacios vacíos de gente, pero llenos de coches, es lo que produce éxito (o lo que los gurús dictan que tiene que gustar), es natural que los artistas se apunten a esa tendencia. Pero siempre hay pintores que van contra corriente. Es el caso del valenciano Daniel Galván, cuya exposición 'En el camino' puede verse en Ibercaja Patio de la Infanta.
        De unos 30 años, Galván retrata, en cuadros de gran formato, a su propia generación: jóvenes que están dejando de serlo y que se encuentran perdidos, que no saben por dónde tirar en un mundo que les ha usado y ahora les deja solos. Crecieron en una sociedad opulenta, acumularon títulos y expectativas y, por supuesto, también descubrieron la noche y se quemaron en las madrugadas. Los hombres que Galván pinta, con comprensión y perspicacia, buscan su propia identidad al lado de carreteras cuya dirección se ignora o en limbos que les aíslan de manera contundente. A veces, de su introspección sólo se sale, en un signo de los tiempos que corren, a través de un gadget, como un iPod o una cámara. Pero Galván no es el único que aborda el rostro generacional sin complejos. En el premio Ibercaja de Pintura joven de este año (Museo Camón Aznar), el zaragozano Alejandro Monge, de tan solo 22 años, ha optado por el retrato de uno de los suyos desde un enfoque tan clásico que nos lleva a la pintura española del siglo XVII. Inocente y desafiante, un hombre muestra con orgullo los tatuajes y los piercings que lo singularizan, como un santo que mostrara sus heridas. Ha vuelto el retrato profundo a las salas de exposiciones y eso es una buena noticia, pues en el rostro que nos mira desde el lienzo suele estar el alma que buscamos.
       
       Imagen 1: Daniel Galván. Explosiones en el cielo, 2009. Oleo sobre tela 100 x 100.
       Imagen 2: Alejandro Monge Torres. Sin título. Óleo sobre lienzo 120 x 120
       
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        *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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Este artículo pertenece a la sección "Culturland"