13/12/2010

Ciudad de cristal

Los ventanales del café de la esquina están ligeramente empañados a esta hora de la mañana. Eli, la camarera, lleva hoy el pelo recogido en un moño atravesado por una zanahoria; sí, por una zanahoria natural que aún conserva un trozo de tallo verde y fresco. La miro tan asombrado que se ríe: "Me estoy probando cosas con vistas al cotillón de Nochevieja, que este año se lleva el look a lo Lady Gaga. Y aún no has visto lo mejor: me voy a hacer unos pendientes con guardias civiles, esas sardinas rancias de cubo, ya sabes. Me van a quedar geniales".
        En una mesa del fondo, al lado del pasillo que lleva a los servicios, dos hombres jóvenes miran los anuncios del periódico, concretamente los de ofertas de trabajo. "Nada, solo hay curro para cocineros con experiencia y yo de eso, ni idea, que en mi casa siempre han cocinado mi madre y mi hermana...", dice el más alto. El otro le escucha serio, mientras da un sorbo de un cortado con la cucharilla todavía dentro del vaso. "Sabes, lo mejor de todo sería hacerse controlador aéreo, que se gana un pastón, aunque lo malo es hay que trabajar a turnos..." El que estaba callado le corta: "Tú no puedes, que llevas gafas. Un controlador ha de tener muy buena vista. Y los nervios, de acero. No te rayes, pero sabes que tienes un pronto muy fuerte..."
        La conversación de los dos queda a ratos oculta por las carcajadas de un grupo sentado cerca, una familia con un niño de no más de cinco años. Un hombre grueso le da algo al chaval, aguantándose la risa: "Mira lo que te ha traído tu tío de Barcelona: ¡un caganer de Guardiola para el belén!" El niño mira atónito la figurita y pregunta: "¿Y dónde lo pongo? ¿Al lado del río?" "¡No, que contamina!", le responde su tío sin parar de reír, "tienes que ponerlo debajo de una palmera". El niño se queda pensativo porque no recuerda bien si tiene palmeras; además, no le acaba de gustar esa figura de Guardiola, haciendo eso delante de los pastores y de los Reyes Magos. Eli, la camarera, está explicando ahora a unas clientas el atuendo que va a llevar en el cotillón de fin de año. Al fondo, los dos jóvenes en paro siguen hablando de los pros y los contras de ser controlador aéreo: "Hay que tener una vista de lince", insiste uno para chinchorrear al que lleva gafas. Los cristales del café ya no están empañados; me parece que va a quedarse buen día.
       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"