19/12/2010

Ciudad de cristal (2)

El matrimonio se dispone a desayunar en la cocina de su casa, un piso antiguo y céntrico. Él, un hombre de poco más de 40 años, con chivita y gafas de concha, todavía está en pijama, adormilado y legañoso. Ella parece estar ya despejada y con ganas de hablar: "Sabes, para la cena de Nochebuena voy a hacer cardo, como siempre, pero sin almejas. Le pondré cecina a cambio. Y ajo.... ¿Me estás escuchando? Es que me parece que no te estás enterando de lo que digo". La verdad es que él no deja de pensar en la reunión a la que ha sido convocado por su jefa repentinamente. Por alguna razón, esta cita tan inesperada le produce cierto desasosiego.
        En un despacho amplio, decorado convencionalmente, el hombre que lleva chivita y gafas de concha escucha atento a una mujer rubia que habla desde el otro lado de una gran mesa de nogal. "Nos interesa un golpe de efecto antes de las elecciones", dice ella. "No estaría mal regalar una de esas tabletas digitales, un iPad. A las familias numerosas, por ejemplo. Recuerda el éxito que tuvimos con las pizarras digitales en las escuelas, que hasta Bill Gates nos felicitó. Y, luego, con los ordenadores que regaló el ministro a los alumnos. Bien, ahora es el momento del iPad; seguro que Steve Jobs, el de Apple, también nos felicita." El hombre que lleva chivita carraspea. Su papel de asesor no siempre es fácil de desempeñar. "No sé, puede que en momentos de crisis como estos lo del iPad no sea una buena idea; creo que sería más adecuado regalar un jamón". La mujer rubia se levanta, claramente contrariada por lo que acaba de oír: "¡Un jamón! ¡Por favor, no me seas cateto! ¡Un jamón no es I+D! Mi empeño es estar a la cabeza en tecnología y me vienes tú con jamones y morcillas. Ay, qué asesores más retrógrados y más gazmoños tengo... Es preciso una renovación de cargos, lo tengo claro". Al asesor se le queda el gesto paralizado y rápidamente intenta encontrar luz en su aturdimiento. La mujer rubia ha salido del despacho, dando un portazo. Y ese portazo le devuelve, afortunadamente, a la mesa de la cocina, a su desayuno y a su mujer, que sigue hablando de menús de Navidad. Él, todavía legañoso, musita: "Sí, te escucho, me parece bien lo del cardo con cecina".
       
       Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"