16/01/2011

Es banal, es bueno

Contemplo, en plena vía pública y al amparo de una entidad bancaria, la obra de un joven artista; se trata de un cuadro de grandes dimensiones en el que se puede ver a un hombre de rostro atormentado en medio de una crisis, creo que de gran angustia. A los pies del cuadro hay veinte gatos japoneses de la suerte, pintados de negro, levantando la pata izquierda. Dos de los gatos son de mayor tamaño que los otros; intuyo que son los papás de la camada. Como no capto la relación entre la gran zozobra del hombre del cuadro y los felinos, recurro a la explicación escrita que, gratuitamente, facilita el banco: "(la obra) muestra la soledad del individuo frente a la sociedad. La convivencia de los propios demonios interiores, valorando si la felicidad del individuo radica en alimentar ese mundo interior o en la sociabilidad del individuo para poder configurar lo que realmente somos" ¡Glups! Sí, es rabiosamente moderno acompañar de gran aparato teórico las obras de arte. Hasta hace bien poco, el artista hablaba a través de su obra y no necesitaba dar más información que el título, la técnica empleada y la fecha de realización pero ahora es frecuente ver textos (en plan manual de instrucciones), al lado de cuadros o de fotos, que, en mi opinión, solo tratan de dar trascendencia a lo banal. Este es uno de los grandes males de nuestro joven siglo: la consagración de lo inocuo.
        Esta dolencia no afecta únicamente al arte; la literatura también la padece. En un artículo reciente para el diario El País, titulado "Hacia un reglamento", Enrique Vila-Matas se quejaba de que en "este lado arruinado del paraíso, los demasiados libros han creado una atmósfera de trivialidad irrespirable, paralela al desnortado ambiente de la sociedad". Ejem, ejem, precisamente tenía que ser él quien escribiera esto. Vila-Matas es un escritor muy brillante, autor de una extensa obra llena de referencias culturales, de anécdotas reales o inventadas, de reflexiones ingeniosas y de un sentido del humor muy fino. Me gusta mucho, pero he de reconocer que, a medida que se lee, se olvida. Vila-Matas es el gran literato español de la banalidad y, de esos "demasiados libros" de los que habla, un gran porcentaje está escrito por sus jóvenes seguidores, que le imitan pero a los que, ay, al no tener su talento, solo les queda el vacío de lo trivial. Es probable que la crisis económica estimule a afinar el criterio (o simplemente a tener uno) entre galeristas, instituciones generosas y editoriales, pero me temo que el mensaje ya ha calado: si es banal, es bueno.
       
       *La obra que se menciona está expuesta en un escaparate de Caja Madrid (Paseo de la constitución, Zaragoza), su autor es Luis Díez y forma parte del proyecto "Corner 2011. Nice to meet you", comisariado por Carlota Santabárbara.
       
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