09/03/2011

La Visi me monta pitote y, luego, llora

Entro en el bar de la esquina para refugiarme del viento del noroeste (llamado cierzo en Aragón), pero no es un refugio del todo seguro porque del fondo me llega la voz alta e inconfundible de mi vecina la Visi, que está sentada con unas amigas: "Pues yo dejé de fumar hace cuatro años y se me puso el cutis estupendo; bueno, ya lo tenía muy bueno porque he heredado el cutis de los Rodríguez, que es la rama de mi madre. Solo me pongo una buena crema por las noches y ya está. A mi Rubén no le gusta nada y no para de chinchorrearme. "¿Qué, ya te has puesto el Tulipán?", me dice, pero yo ni caso. Por mí, que proteste, si es su gusto." Me concentro en el café con leche que tengo delante, que, por cierto, está abrasando. Los buenos camareros calientan la leche agarrando la jarra con la mano extendida y, así, controlan la temperatura. Los otros camareros la cogen por el asa. Hoy me ha tocado uno de los segundos.
        Noto que alguien me da unos golpecitos en el hombro. Me vuelvo y es ella, ¡quién iba a ser! La Visi adopta un tono confidencial: "Oye, Juan, dicen en el barrio que ya no escribes columnas para el periódico... ¿Es eso cierto?" "Pues sí; es verdad" Ella encuentra inmediatamente el motivo: "¡Me lo estaba temiendo! ¡Te han echado de Heraldo de Aragón por soso!" Me tengo que poner digno: "A ver, Visi, no empecemos. No me han echado; lo he dejado yo porque en el periódico, con esto de la crisis, han tenido que ajustar su presupuesto y este verano pasado me dijeron que ya no me iban a pagar por mis artículos; que, si yo quería, podía seguir escribiendo pero gratis..." Visi se queda como muda, abre mucho los ojos, y me suelta: "¡Alucino!¡No me digas que te pagaban! ¡No me lo puedo creer! ¡Pero si los únicos articulillos que tenían algo de gracia eran los que hablaban de mí y de los vecinos del bloque!" "Oye, Visi, no me fastidies, que a lo largo de estos diez años también he escrito artículos muy serios y con mucha enjundia..." "Bah, bah, bah; esos no los leía nadie. Vamos, vamos, que callado te lo tenías. Si yo llego a saber que cobrabas del periódico, me pido una comisión..." De repente, se queda callada y noto que se le humedecen los ojos: "O sea que, a partir de ahora, yo ya no voy a tener ningún protagonismo y volveré a desaparecer en el anonimato", dice entre pucheros. Y, lo que son las cosas, tengo que ponerme a consolarla: "Venga, Visi, tu nunca dejarás de ser protagonista en tu calle, en tu bloque, en tu barrio y en tu familia, que es lo que realmente importa. Lo demás solo es vanidad barata. Venga, no llores".
        "Bueno, pues invítame a un sándwich mixto, que creo que me lo he ganado".
        "Faltaría más. Y otro café para mi, por favor, a ser posible que no queme, por favor", pido en voz alta. Creo que el camarero me mira torvo, como si no entendiera de qué va mi indirecta. Por los ventanales, entra un sol radiante y veo que a Visi se le ha corrido el rimel de los ojos por las lágrimas, pero no le digo nada.
       
       COMENTARIO de F.B.L (17-03-2010): Hola. Una pequeña salvedad: lo mas importante, lo que realmente importa es el protagonismo de cada uno en su propia vida...y la Visi no esta excluida ...ni la calle ni el barrio ni menos aun la familia puesto que, con el paso del tiempo, se intenta (o debiera intentarse) equilibrar la ilusion con la decepcion...y tal vez discurran pendientes de colision: la ilusion centrifuga y la decepcion centripeta...por eso es preferible el buscarse ¿para irradiar? no dejandose invadir por nada que sea aportado de fuera...PERDON POR LA REFLEXION...ECHARE DE MENOS A VISI pues se que comparte mi opinión. Saludos y hasta la vista.
       
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Este artículo pertenece a la sección "Visi, Rubén y otra gente de mi bloque"