08/08/2012

David Cal en un poema de Juan Antonio González Iglesias

imagenHoy, 8 de agosto de 2012, el piragüista David Cal ha ganado su quinta medalla olímpica, habiendo conseguido las cinco en tres juegos olímpicos consecutivos (Atenas, Pekin y Londres). David es de Cangas de Morrazo (Pontevedra) y tiene 28 años. El poeta salmantino Juan Antonio González Iglesias le dedicó este poema en su libro "Olímpicas" (2005).
       
       OLÍMPICA TERCERA
       A David Cal
       
       La mañana es un reino diferente.
       Otra temperatura y otra luz.
       Temprano es la palabra. Todavía
       el agua está mezclada con el amanecer.
       El remo los remueve. La proa los separa.
       Raras categorías alfanuméricas
       organizan las clases de los competidores,
       para hacer abstracción del onanismo
       que llegan a exhibir los más audaces
       entre los navegantes solitarios.
       La canoa es concreta,
       su material ultraligero acota una fracción de horizonte
       que se puede tocar,
       ¿y quién discutirá que resulta atractivo
       participar de la condición del centauro
       montando una fracción de horizonte que avanza
       imparable hacia el cruce
       con la línea ideal, parecida al futuro
       porque sólo es visible sobre la foto finish?
       Energía del cuerpo: ¿y los que han madrugado
       sólo para mirar? ¿No contribuyen
       a deshacer los nudos de las ondas?
       Pero el héroe los corta con su espada de nauta.
       Estrictas son las órdenes que da la adrenalina:
       desactiva bostezos, empuja la epopeya,
       hace volar el torso como en algunos sueños
       e ilumina la cara de los más contenidos.
       Después de la victoria, por natural impulso
       los versos se dirigen hacia Crónica Regia.
       La Reina y el Atleta, aturdidos, despiertos,
       intercambian saludos de animales insólitos,
       de especies protegidas por la Europa ecológica.
       El viento comunica sus cabezas cercanas.
       Virtud propia de príncipes es la serenidad.
       El triunfador, según el periodista,
       no ha tenido problemas para dormir anoche.
       Es serio, está llamado
       a su propio interior. Entrenaba escuchando
       rock urbano en formato mp3,
       por horas infinitas.
       En internet lo llaman un tímido de oro.
       El piercing de su boca es un punto de acero.
       Ama los monosílabos.
       Es de un pueblo pequeño. Cada día cargaba
       con esa embarcación esbelta y frágil
       y remaba en el mar de la monotonía
       inconsciente, constante, lo mismo que el asceta
       que reitera ejercicios para salir del mundo,
       así durante meses, así durante años,
       para llegar a esto,
       a esta mezcla del chándal y el olivo,
       a esta clara mañana
       en la que está de pie sobre el mapa de Grecia.

jmheraldo@hotmail.comImprimir

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"