20/06/2004

El mal silencio

La pregunta es esta: ¿se puede convertir una ciudad llena de músicos en una ciudad sin música? Parece un reto imposible pero no lo es. Basta con seguir una de estas dos vías: A) se mata a todos los músicos o B) se cierran todos los sitios donde pudieran actuar los músicos. Como la primera vía sería muy impopular políticamente, se aplica a rajatabla la segunda y, uff, qué bien, ¡ya tenemos una ciudad sin música! Pero la ausencia de música es el mal silencio. Puro mal rollo. Puro rollo inculto. Y mucha ironía: ésta es una ciudad con escuela municipal de música, con un conservatorio profesional y con otro superior. Aquí hay cientos de buenos músicos. Bueno, pues que se vayan a tocar a otra parte. Al metro de Madrid. A los pequeños bares del barrio del Carmen de Valencia. A los garitos del Born en Barcelona. Aquí, en Zaragoza, lo que mola es el mal silencio.
        La Campana de los Perdidos, detrás de la plaza del Justicia, en el corazón de la ciudad romana, es un bar con un escenario al fondo de un pequeño sótano. Caben, como mucho, 50 personas, si están muy delgadas. Es un sitio incómodo pero siempre está lleno. Hola, este soy yo y estoy presenciando una actuación de los Green Apples, el grupo de Iñaki Fernández, que es un virtuoso de la guitarra y se conoce el repertorio de los Beatles mejor que Paul McCartney. Tan buenas canciones, tan cerca...; aplaudimos y nos vamos en silencio. En silencio del bueno. Pero el ayuntamiento ya ha cerrado La Campana de los Perdidos, aplicando no se qué normativa. Si alguien lo entiende, que lo explique.
        Hola, este soy yo otra vez. Estoy en una actuación de los Bruno Martelli, un grupo de refinado pop-rock. Es una suerte que los oigamos, porque iban a actuar en El Cantor de Jazz el viernes, pero un día antes, el ayuntamiento cerró el local. Han cerrado el mejor club de jazz que ha habido en Zaragoza en mucho tiempo. Menos mal que los Bruno Martelli encuentran refugio en el Café de los Artistas, todavía sin cerrar. Toca madera. Tiempos, pues, de mal silencio.

En junio de 2004, se clausuran bares de actuaciones musicales aplicando la misma norma que a los discobares o discotecas. Afortunadamente, gracias a la presión de músicos y prensa, el ayuntamiento rectifica, dos meses despúés, su decisión.

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"