27/06/2004

Catedrático de guardería

Hola. Esto es muy triste, van a ver. A través de un artículo de Juan José Millás, me entero de que un profesor de instituto ha escrito una carta al periódico El País pidiendo perdón por ser profesor, por no servir para otra cosa, por ocupar un lugar tan bajo en la escala social. Inmediatamente busco El País del domingo 13 de junio para leer la carta yo mismo, que no me gusta que me cuenten las cosas, que la gente inventa mucho, te digo. Y es cierto: don Emilio Garoz Bejarano pide perdón por dedicarse a la enseñanza. Con intensa y dolorosa ironía, pide perdón por haberse convertido en un cuidador de adolescentes, papel que no sabe desempeñar debidamente puesto que se ha formado, tras largos años de estudio, para ser profesor.
       Ciertamente, el sistema educativo español ha ido potenciando poco a poco la función de guardería. En realidad, no ha hecho otra cosa que seguir la demanda social de los padres, que cada vez más esquivan sus responsabilidades. Los niños españoles se han vuelto difíciles y un grito del padre ya no les afecta. Por no discutir con los hijos, se les consiente casi todo y, claro está, la convivencia es un mal rollo. Los padres ven las vacaciones de los hijos como periodos de inestabilidad familiar y, por tanto, lo mejor es que no haya vacaciones o que sean lo más cortas posibles. Siguiendo al pie de la letra esta demanda, en nuestra comunidad, para qué ir más lejos, se ha adelantado el comienzo del curso al 9 de septiembre y se han acortado las vacaciones de Pascua. Los alumnos, en grupos de hasta 35, no respetan al cuidador (antaño profesor) quizá porque sus mismos padres no valoran demasiado a los cuidadores (antaño profesores). Y los profesores (ahora cuidadores) ven cómo las autoridades político-educativas, que tendrían que defenderles del acoso y derribo social, les ignoran. Cuando tienes a todo el mundo en contra, es que has debido de hacer algo mal y, entonces, tienes que pedir perdón. Pero cuando don Emilio Garoz pide perdón, lo que pide es respeto. Respeto al oficio de formar y enseñar; es decir, respeto al futuro de un país.

Este artículo pertenece a la sección "Escrito con tiza"